Ley Justina: Un avance peligroso

Por el Ing. Enrique Arduino, miembro de la Comisión Directiva del Club de la Libertad, provincia de Corrientes.

La Ley de Trasplantes que recientemente aprobó el Congreso argentino es conceptualmente peligrosa. Pretender disponer del cuerpo de terceros por ley y obligarles a manifestar su voluntad en contra si no están de acuerdo, es como mínimo perturbador, e incluso invierte la carga de la prueba. Más aún cuando un legislador a boca suelta amenazó a los ciudadanos diciendo que les denegará la prestación del servicio de trasplantes a quienes se manifiesten en contra de dicha ley. Fascismo en estado puro.

Esta ley abre la puerta a situaciones sumamente peligrosas y no controladas por los ciudadanos. Pensemos qué pasaría en un caso donde, a pesar de esta ley, una persona no pueda encontrar donantes compatibles y corriera serio riesgo de muerte o discapacidad permanente, existiendo muchos potenciales donantes vivos compatibles que no están dispuestos a donar y que cuentan con más de un órgano como el que se necesita (riñón, córneas, ablación parcial del hígado, etc.) y que funciona perfectamente.

Así como los padres de la niña Justina reclamaron una ley que avasalla el derecho de propiedad de cada individuo y de la sociedad toda, basándose en la aplicación lisa y cruda del altruismo comtiano, el sujeto de esta suposición podría exigir una ley que vaya más allá, que obligue donar compulsivamente al no donante que posea el órgano que solucionaría el problema, es decir confiscarlo –aunque la confiscación está expresamente prohibida en nuestra Constitución–, aún a riesgo de que signifique una disminución de la calidad de vida o de tener un riesgo futuro de muerte, que no existirían si no fuese obligado a donar.

¿Ciencia Ficción? ¿Alarmismo infundado? No lo creo. Una sociedad donde la corrección política y los reclamos de igualdad de resultados se imponen por ley, es campo fértil para un rápido crecimiento de propuestas de este tipo, más cuando el primer paso, el que más cuesta, ya fue dado con la Ley Justina.

La nefasta proclama que dice “Donde hay una necesidad, hay un derecho”, permitiría una ley de este calibre que justifique el derecho del necesitado, aunque se castigue al obligado a satisfacerlo, en contra –o no– de su voluntad.

Como Pandora, Argentina destapó una caja de sorpresas de consecuencias inciertas. Evidentemente, el futuro no es nada claro.