El país con temor al pasado

Ya estamos encaminados hacia las elecciones de octubre. Se han cerrado las listas y se sabe quién va con quién y quiénes competirán por los puestos clave de la política.

Para los desmemoriados es bueno recordar que durante el gobierno de Cristina Kirchner (hoy candidata a vicepresidente por el Frente de Todos) marchábamos francamente hacia controles totalitarios en la economía, con escasez de productos, mercados negros, descenso del nivel de vida y corrupción institucionalizada.

La política kirchnerista alentó la emigración de capitales, impidió la reconstitución de las reservas monetarias y dilapidó el esfuerzo hecho durante la presidencia del Dr Menem con estatizaciones que regresaron la abultada burocracia estatal y el intervencionismo dirigista en el mercado interno, entre otros males.

Ahora enfrentamos otro problema de orden político: si el sistema kirchnerista vuelve o no al poder. Los argentinos votarán por la restauración de un sistema con vocación autoritaria o por un gobierno que no los ha dejado satisfechos en materia económica, pero sí en cuanto a la defensa del sistema republicano y democrático.

Para ser justos, la economía no ha mejorado con el actual gobierno. En vez de hacer las reformas estructurales buscando consenso en otros sectores, se manejó casi siempre solo, manteniendo un Estado demasiado presente en lo económico. La producción y la demanda se hallan aún paralizadas en muchos sectores porque cuesta atraer inversiones al país, por lo tanto, se crean pocas fuentes de trabajo.

El problema del gobierno de Macri respecto a la falta de credibilidad de sectores que lo apoyaron en las elecciones de 2015, se debe a que no tuvo el coraje de explicar la catastrófica situación que nos dejó Cristina Kirchner y tampoco hizo un cambio real del sistema económico, como lo hizo el expresidente Menem. No tuvo éxito en lo económico por continuar con un intervencionismo híbrido que ha perdurado hasta la actualidad con deplorables resultados.

Creo que el presidente Macri ha visto su error: se abrió a sectores democráticos para aumentar su base electoral aceptando en la vicepresidencia a un peronista, el Dr. Miguel Ángel Pichetto, quien no desea la vuelta de la expresidente y que, como lo ha demostrado en anteriores gobiernos, es fiel y trabaja concienzudamente para quien le ofrece participación en el poder. Quizás así aumente el caudal electoral y el apoyo en el Congreso para Macri si es reelecto.

Quienes sufren la aspiración totalitaria del kirchnerismo y temen a las reiteradas expresiones antirrepublicanas de la expresidente y de algunos de sus cercanos apóstoles, desean que ante una polarización como la que se anuncia, llegue a la presidencia el partido más democrático, pero sin que aspire a un cheque en blanco.

Es por eso que desearían que antes de las elecciones, el presidente Macri dijera cuál será su plan de gobierno, o mejor aún, su orientación económica. No aceptarán demagogia y electoralismo, porque saben por experiencia que los males que sufrimos no se resolverán por estar todos juntos y confiar en una persona, sino que para salir del callejón se necesita terminar con los errores que todavía persisten y que no se eliminan solo con correcciones al modelo sino con cambio de sistema, dejando de lado políticas caducas con las que aún coinciden sectores radicales, peronistas, macristas y socialistas.

Rechazan que se vuelva a reactivar la economía con emisión de moneda y política monetaria electoralista, también políticas de desarrollo desde el Estado. Ya pocos dudan, después de tantos fracasos, que una sociedad libre, democrática y republicana como la que desea el actual presidente, debe ir acompañada de una economía capitalista.

Creen que no es el gobierno quien debe confiar la economía a expertos, sino que debe orientarla para que sean las personas quienes la mejoren. Quieren una política que estabilice la moneda y los precios, que eleve las reservas monetarias, disminuya el déficit del presupuesto y devuelva a la empresa privada su responsabilidad y libertad de acción, que puedan reequiparse y que se reduzcan las huelgas y piquetes por el aumento considerable de la ocupación y combate a la inflación. Aspiran a que disminuya el tamaño del Estado y su intervención en la economía, baje el gasto público drásticamente y los impuestos distorsivos como prioridades del próximo gobierno.

Para lograr el apoyo de la gente, es tarea ineludible combatir la inflación, ese injusto impuesto al asalariado y a los sectores más pobres con rentas fijas, quienes ven que los bienes cuestan más sin que sus salarios se modifiquen en el mismo sentido. Aunque perjudica a todos, no es lo mismo sacarle a quien no llega a fin de mes, que a quien le sobran los ingresos.

No cierran los ojos a lo que el actual gobierno heredó: una inflación en marcha y un presupuesto desequilibrado, pero tampoco a que asumieron sin haberse preparado, que no le dieron de entrada importancia al déficit y a la inflación, manteniendo a la gente adormecida frente a la crisis que se avecinaba. Puede aducirse que no se podía actuar drásticamente con el presupuesto que tenían, pero es indudable que no se actuó con responsabilidad pensando en lo que podía venir. No se deja de reconocer, sin embargo, lo que se adelantó en estos cuatro años: apertura y buenas relaciones con el mundo desarrollado, mejora de la justicia, y política de infraestructura y energía, además de la defensa de las libertades individuales.

Esperan el regreso de capitales nacionales y extranjeros, pero vendrán si hay confianza en la estabilidad política y en la disciplina monetaria, económica y financiera que el país se imponga. El gobierno debería crear las condiciones para que se hagan presentes y ayuden a mejorar la actividad privada, la producción agropecuaria y las industrias de exportación que competirían con precios internacionales para emplear la materia prima y un alto porcentaje de mano de obra nacional. Los préstamos de organismos internacionales o de bancos extranjeros servirían para ayudar a realizar las reformas estructurales, sobre todo la impositiva y laboral que se reclaman con urgencia, en vez de utilizarse para subsidios y dádivas.

En cuanto a la normatividad, las normas establecen la dinámica del orden social, por lo cual, el marco normativo será como ese orden establezca. La mayoría de quienes voten por la continuidad del gobierno, lo harán porque se respeta la Constitución y se derogan las normas que no concuerden con sus principios.

En la sociedad de alta complejidad en la que vivimos hay más tensiones psicológicas, las personas son más libres, más responsables, la calidad de nuestro amor es mejor, elegimos, hay más individualismo, más yo, más persona. Esto que caracteriza a las sociedades abiertas es estupendo, pero se paga con excesos: las drogas traen secuelas, se alteran los genes, son como otras experiencias de la especie humana.

En el campo de la política, todos, aún los más democráticos, desean perpetuarse en el poder por diferentes motivos. Al exceso de poder lo combate aquello que se juega en estas elecciones: la institucionalidad, mejor justicia, mejor prensa, políticas que no permitan ese exceso de poder como el pluralismo, privatizar para darle menos poder al Estado, sindicatos con menos fuerza que los partidos para que no les roben sus funciones, y más control de los que gobiernan.

Por último, buena parte de los argentinos anhela una sociedad que abandone de una vez por todas la división arbitraria entre kirchneristas y antikirchneristas, creada por el gobierno anterior, y la idea de revancha y venganza, sustituyéndola por la unión de los ciudadanos de bien, con valores republicanos, en un esfuerzo común e indispensable para que el país progrese.

Estas elecciones, muchos de los que votarán pensando en república o autoritarismo, esperan en un futuro no lejano y ya evitado ese fantasma, en poder elegir entre opciones electorales con planes de gobierno alternativos que dejen atrás la vieja política de delincuentes y aprovechados, unidos por encontrados intereses e ideales y reunidos solo por circunstancias de excepción.

En las elecciones, según sea el resultado, veremos qué piensa, qué siente y qué quiere la gente. Está en la aventura de vivir que las personas, los grupos y las sociedades sobrevivan, mejoren, entren en estancamiento y crisis, o desaparezcan debido a su capacidad para practicar una constante selección de valores.

Esperemos que los argentinos no se equivoquen y podamos ir hacia un futuro mejor.

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Elena Valero Narváez

Autora de El Crepúsculo Argentino (Ed. Lumière, 2006). Miembro de Número de la Academia Nacional de la Historia de la República Argentina. Miembro del Instituto de Economía y Política de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas.